Por ahora nuestra pequeña sigue estando con nosotros todo el tiempo. Hemos encontrado una mamá de día cerca de casa que nos gusta mucho y, si conseguimos cuadrar horarios, es posible que la llevemos allí algunas horas por la mañana.

El comienzo del curso escolar

Nosotros no hemos pasado por eso, pero veo a nuestro alrededor lo complicado que puede llegar a ser la adaptación a la guardería o al colegio, especialmente por la falta de facilidades que se nos ofrece. Es una época de cambios, se termina el verano y empiezan las clases, aparecen nuevas rutinas y los horarios marcados y me sorprende enormemente lo diferente que se vive la situación dependiendo de cada familia.

Algunos lo llevan con absoluta normalidad, no reflexionan demasiado sobre ello y lo viven como un trámite más. Se acaban las vacaciones y comienzan las clases, los mayores a trabajar y los niños al cole, sin más, cada uno por su lado, y no encuentran demasiada complicación más allá de tener que compaginar horarios.

Por el contrario, para otras familias es un duro trago. Se trata de un cambio importante, los pequeños se separan de sus padres, no han tenido tiempo de establecer relación con la que será su nueva figura de apego ni con los demás niños y todo se convierte en un proceso complicado y difícil de sobrellevar para padres e hijos en el que, de un día para otro, se pretende poner patas arriba la estabilidad de los pequeños sin que éstos digan ni «mu» y que, para colmo, los adultos abandonen todo sentimiento y actúen con «madurez» favoreciendo esa «insignificante» y traumática separación. En la mayoría de instituciones, el período de adaptación se toma a la ligera y se les empuja a los pequeños a dar un gran paso sin tener en cuenta sus necesidades y sin respetar para nada sus tiempos. Es terrible.

Ya digo que nosotros no hemos pasado por eso pero considero que, aun escogiendo un lugar que a los papás y mamás nos convezca, debería ser imprescindible ofrecer tanta flexibilidad como las familias, y en concreto los niños, necesiten.

Creo que se está haciendo un esfuerzo por cambiar los patrones escolares (o quizás se pretende enmascarar lo que en realidad no se es, como presumir de un periodo de adaptación cuando en realidad éste es claramente insuficiente e irrisorio) pero la realidad dista mucho de las auténticas necesidades emocionales de los pequeños; todavía existe demasiada carga social, prejuicios arcaicos e ideas preconcebidas. Los clásicos «no importa si lloran», «ya se les pasará», «es mejor que no te vea», y un sinfín de absurdos etcéteras totalmente desconectados de la auténtica calidad emocional.

¿Qué es el periodo de adaptación?

El periodo de adaptación es un proceso respetuoso con el niño para que el cambio se produzca de forma paulatina y no de manera brusca, respetando los tiempos de adaptación de cada uno. Los primeros días, el niño va acompañado de su papá o mamá para que pueda conocer el lugar, a su cuidador y a los demás niños, de manera que pueda sentirse seguro y protegido. Después, y siempre que se considere oportuno, el niño permanece pequeños periodos de tiempo sin su progenitor y así gradualmente hasta que se produce una separación progresiva y respetuosa. Por poneros un ejemplo, la mamá de día nos decía que ella consideraba imprescindible al menos dos semanas para que el niño se quedase con ella una jornada completa. Quizás os parezca demasiado, pero seguramente es porque estamos demasiado acostumbrados a lo contrario y no porque eso sea lo que de verdad necesita el niño.

Una adaptación real debería respetar el ritmo individual de cada niño, unos necesitarán más y otros menos, pero eso no quiere decir que todos tengan que sentirse seguros al mismo tiempo.

Mucho ánimo a todas esas familias que estos días viven la vuelta al cole sin toda la flexibilidad que ellos y sus niños necesitan.

Y vosotros, ¿cómo habéis empezado el curso? ¡Feliz martes!

4 Comentarios

  1. Marta

    Totalmente de acuerdo contigo. Henar tampoco irá a la guarde este año pero nos hemos unido un grupo de 5 mamás de niños de edades similares y van a jugar 3 tardes en semana en la casa de una de las mamás. Su hermana es profesora de infantil en paro así que se ha prestado para estar con ellos. Es una idea fantástica porque ninguno va a la guarde, y como en invierno no se puede ir al parque… pues lo sustituimos por esto. Pues bien, las dos primeras semanas van a ser de adaptación, cada uno a su ritmo. Lo veo esencial ya que ninguno se ha separado de nosotros nunca.

  2. PSM

    Me encanta tu post. Mi hijo tiene año y medio y he recibido todo tipo de presiones para meterle en la guardería (familia, amigos, profesores cercanos a mi entorno…), tanto es así que le apunté e incluso he pagado la matrícula. No suelo ser una persona que se replantee mucho las cosas, y aunque no estaba del todo convencida, y “como todo el mundo les lleva a la guarde”, pensé que era lo correcto. Por suerte pude escaparme del trabajo para ir a la charla que dieron dos días antes de empezar. Increíble. De 9 a 17h sin poder salir a casa para comer, sin periodo de adaptación, y ¡sin patio durante el mes de septiembre! El argumento “luego nos cuesta mucho volver a meterles en el aula”. Sobra decir que mi hijo no pisó la clase. Sé que esto no es lo habitual, y que hay coles/guarderías excepcionales. Lo que me sorprende es que haya aún sitios en los que prima el bienestar de los profesores al de los niños. Estoy encantada con haber tomado la decisión de no llevarle, y ahora no hay “presión social” que me haga cambiar de opinión….hasta el próximo curso!

  3. Es genial poder hacer las cosas respetando los ritmos de los niños, sin prisas y sin el peso de la sociedad. ¡Enhorabuena por la iniciativa, Marta y gracias por tu comentario!

  4. A nosotros también nos ha pasado. Nos lo han repetido tantas veces que, en ocasiones, hemos pensado que deberíamos llevar a Elena a la guarde simplemente porque “es lo correcto”. Pero luego miras las cosas con un poco de perspectiva y te das cuenta de que no es la única ni la mejor solución.
    ¡Muchas gracias por tu comentario PSM!

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